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Las acciones realizadas por las empresas, están siempre supeditadas al ojo crítico de sus públicos o al juicio del entorno en donde se encuentra. Más aún, si la organización está pasando por una crisis donde la percepción que se tiene de ella se ve mellada, poniendo en riesgo la imagen corporativa. Es en ese momento, donde la reputación pasa de ser intangible, a un activo tangible, evitando que se manifiesten o que empeoren las consecuencias de dicha situación de crisis.

En este contexto, el profesor Javier Fernández Aguado, define Reputación Corporativa, como el “prestigio consolidado y fundamentado que una entidad logra ante todos sus stakeholders”. No obstante, la reputación es un término que data desde los inicios de la filosofía clásica, donde los máximos referentes de la cultura griega y romana relacionaban la reputación con los atributos personales.

Por ejemplo, Sócrates decía que: “si quieres gozar de una buena reputación, preocúpate en ser lo que aparentas ser”.  Asimismo, los pensadores griegos, señalan que la reputación consta de dos componentes claves: la coherencia y el éxitoEl primero corresponde entre lo que se es y lo que se aparenta ser, y el segundo, consta en la culminación de los objetivos planteados.    

En este sentido, la reputación trata de actuar de manera responsable, pero con miras a proyectarse públicamente; de tal manera que dichas acciones sean visibles para los públicos de interés y del entorno social que rodea la organización.

Por otro lado, haciendo referencia a investigaciones recientes, las empresas ya no se enfrentan solamente a crisis financieras; sino también, a crisis de reputación, que abarca la confianza y los valores de la empresa. Por ello, una buena reputación en una situación de crisis o en un ciclo económico negativo, tiene alta probabilidad de crear valor, establecer mejores relaciones con sus stakeholders, atraer más acciones y generar mayor fidelización con sus clientes. En consecuencia, se vuelve una empresa mucho más rentable a largo plazo, con menos detractores y más simpatizantes.

Entonces, la clave para forjar una buena reputación, está en mantener una relación óptima con los stakeholders. Partiendo por los colaboradores, hasta con los accionistas, puesto que la reputación se crea desde la experiencia que ellos tengan con la entidad, con el fin de construir un compromiso sostenible, para alcanzar juntos los objetivos financieros, sociales, laborales y todas las metas que la empresa trace en su plan de negocios.

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