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Mucho se habla de que las empresas se están humanizando, de que ahora se tiene mayor consideración con los empleados, de que se fomenta una mejor comunicación entre los diversos componentes del equipo. Sin embargo, la presencia de un mal ambiente laboral sigue siendo algo típico en múltiples organizaciones, lo cual es hasta cierto punto natural, porque a ningún empleado le basta con que le llamen “colaborador” para sentirse bien.

3 datos a considerar

1- Según una encuesta llevada a cabo por Otto Walterseis de cada diez empleados desconfían de su jefe.
2- La Universidad de Alcalá de Henares, concluyó que el 60% de los empleados se sienten incómodos a causa de un mal ambiente laboral.
3- Roberto Luna, Catedrático y Profesor de Dirección de Empresas en la Universidad de Valencia, destaca que el clima laboral afecta un 20% de la productividad de las organizaciones.

4 causas principales de un mal clima de trabajo

1- Fricciones entre los compañeros.
2- Sentirse poco valorado y explotado.
3- Mala remuneración.
4- Estrés motivado por el desgaste profesional.

 

 

Necesidad de líderes, no de jefes

 

Medio mundo odia a los jefes, no es nada nuevo. Desde siempre los jefes han sido estereotipados como autoritarios, poco empáticos y ensimismados cuando no están dando indicaciones. Casi todos los empleados tienen problemas para asociar las palabras “jefe” y “asertividad” a una misma persona.

Por eso, hoy se habla mucho de la necesidad de líderes, de personas asertivas, que sepan inspirar respeto sin necesidad de establecer una comunicación vertical rígida, que sean capaces de integrarse al equipo y cohesionarlo desde adentro.

Una vez más, es necesario destacar que los tiempos actuales son muy distintos a los de hace décadas. Ya casi nadie se contenta con el solo hecho de tener un trabajo, sino que, además, existe la necesidad de sentir que el cargo aporta algo más que dinero y experiencia. Hoy, el personal busca que su trabajo esté articulado con sus propias metas personales; si no, no existirá la suficiente voluntad de rendir al máximo.

Identificar la razón del conflicto

Es verdad que no siempre la culpa es del jefe, sino de algún otro componente inadecuado en la organización. Por tal motivo, es sumamente importante que los expertos en recursos humanos diferencien (y llamen a diferenciar) si el mal clima se debe a elementos nocivos puntuales o, por el contrario, a un malestar generalizado que demanda una transformación total en la cultura empresarial.

Hacerse el indiferente ante esta situación y no planear medidas correctivas, trae evidentes consecuencias que, por desgracia, algunas empresas juzgan como responsabilidad de otros y no como resultado de la nula empatía, de malos líderes o de una mala gestión del talento

Características o señales de un pésimo clima laboral

1- Alta rotación:

Una empresa que cambia constantemente de empleados, sugiere que no está eligiendo los perfiles adecuados o que ninguno se siente contento ahí. Lo segundo es bastante más común de lo que parece, por lo que conviene ser autocríticos antes de tachar de “problemática” a toda la mano de obra local.

2- Miedo al jefe:

Como mencionamos anteriormente, hacen falta más líderes que jefes. Aunque la idea tradicional de jefe se percibe de forma negativa, aún muchas personas a cargo de empresas y proyectos, siguen alimentando una imagen que ya debería haber caído en la obsolescencia.

Un jefe autoritario podrá generar miedo, pero difícilmente respeto. El miedo hacia su persona no produce compromiso ni fidelidad, sino el oportunismo de dejar la empresa ni bien aparezca una oferta mejor por algún lado.

3- Todos se van exactamente a la hora de salida:

Si el personal se siente contento en su centro de labores, no estará desesperado porque llegue hora de salida. Si por el contrario, odia lo que hace y lo que le rodea, no dudará en dejar una tarea como pendiente con tal de no pasar ni cinco minutos más al frente de su escritorio.

En una oficina infeliz, parte de la cotidianidad consiste en ver empleados desesperados por irse, y jefes discutiendo con ellos para que se queden. Un ambiente de ese tipo produce indignación en los colaboradores, pues sienten que solo se les está pidiendo sin consideraciones y sin recibir compensación alguna.

 

 

4- Los compañeros no socializan:

O si lo hacen, sus interacciones se fundamentan en murmuraciones y críticas. Conversaciones agradables y constructivas solo son posibles en empleados contentos con lo que hacen y con quienes los dirigen.

¿Cómo asegurar un óptimo ambiente laboral?

Todavía persiste un enfoque erróneo dentro de las cabezas de las empresas. Es verdad que los números son importantes, pero no solo los resultados son un número, también lo son los miembros del equipo, por eso es crucial darles el valor que merecen. Aquí, para empezar con una buena dinámica interna, un elemento clave es la comunicación entre las diferentes áreas. A partir de ahí, hay que considerar los siguientes aspectos

1- Imagen del líder:

Una vez más, inevitablemente, hacemos hincapié en su figura. Las empresas de hoy requieren con urgencia líderes carismáticos, involucrados y asertivos. Los jefes que apenas salen de su oficina para criticar a alguien o dar algunas indicaciones,  ya no le sirven al mundo corporativo moderno, puesto que no generan buenas percepciones.

2- Transparencia y coherencia:

Si se quiere evitar disensiones, confusiones y desconfianzas en el equipo, hay que evitar a toda costa los dobles mensajes y los favoritismos. A nadie le gusta trabajar en condiciones de inequidad, desorganización e hipocresía.

3- Trabajo en equipo:

Una comunicación adecuada en todo momento, contribuye en gran manera a la cohesión del grupo. Solo un grupo unido está capacitado para cumplir metas dentro de los plazos establecidos, con todo el apoyo necesario desde otras áreas competentes de la organización.

4- Empatía:

Una bella palabra que gusta a todo el mundo, pero que solo se exige cuando va en beneficio nuestro, porque cuando toca aplicarla en favor de otro, ¡cuánto cuesta! ¿verdad? Saber ponernos en los zapatos de otro, facilita nuestra comunicación con los demás, algo clave para todo momento del día laboral, como delegar tareas, resolver conflictos, escuchar al resto, establecer reglas, reconocimientos y sanciones, etc. Si no se cosecha empatía, no se cultiva compromiso.

Conseguir colaboradores es relativamente sencillo, pero generar en ellos fidelidad, compromiso e involucramiento en general, es todo un reto. No por nada ellos son clientes internos y embajadores de marca.

 

 

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